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lunes, 29 de marzo de 2010

Ejercicios literarios: Recreando mitos.


Él no podía creer lo que sus ojos le estaban mostrando. Ahí, inerte frente a sus ojos el cuerpo de aquella mujer que tanto había amado. Ella, que tan sólo con una mirada podía hacer que su cuerpo temblara de pies a cabeza, ella, que tan sólo con el más leve de los susurros podía alcanzar la fibra más intima de su ser. ¿Cómo era posible que en tan sólo cuestión de algunas horas hubiese ocurrido tal calamidad? Él se había alejado del hogar, para concluir cuestiones triviales que ya ni si quiera recordaba con claridad y al regresar, se encontró con tan horrible escena. Su mujer tendida en el piso, sumida en un sueño poco plácido. En su rostros se había dibujado una mueca de insatisfacción, así como quien ha dejado demasiadas cosas inconclusas, y sobre todo, porque no había tenido la oportunidad de despedirse de su amado.

El echó a llorar a los pies del cadáver, sin creer aún que esto fuese algo más que una atroz alucinación. ¿Qué ocurriría con él ahora?, sin ella definitivamente la vida perdía todo sentido, no sería capaz de soportar la existencia en un mundo tan inmenso y vacío, sin duda sería el peor de los castigos continuar viviendo sin ella.

¡Juro que daría lo que fuera con tal de que volvieras a mi lado, daría mi vida a cambio de que tu regresaras, si fuera necesario iría por ti hasta el mismísimo infierno! –dijo el joven, sumido en la desesperación–

Entonces de la nada aparece burlona una voz diciendo: ¿Realmente estarías dispuesto a dar lo que fuera por recuperar a esta mujer?, pues de ser así yo estaría complacido en ofrecerte un buen trato, para así ayudarte a realizar tu cometido.


¿Quién eres? dime, ¿acaso has sido tú quien me ha arrebatado a mi amada de esta forma tan cruel? Anda, muéstrate ante mí, sal de las sombras y enséñame tú rostro, además no te creo nada, explícame ¿cómo alguien tan cobarde que ni siquiera es capaz de mostrarse, podría ayudarme a recuperar a mi amada que ahora vaga perdida por el mundo de los muertos? –dijo el joven encolerizado–


¿cómo osas llamarme cobarde? Si no puedes verme, es simplemente porque tu condición inferior no te lo permite, sin embargo yo no me escondo de nadie nunca, humano incauto, puedes llamarme Dios y en cuanto a esto trátame con más respeto, pues soy el único que puede ayudarte ahora, piénsalo, tengo en mis manos tu vida, ya que cuento con el poder de ayudarte y regresarte lo que tanto solías amar o bien dejarte permanecer sumido en tu triste miseria por el resto de tus días. –dijo la voz en un tono molesto que se acrecentaba paulatinamente– ahora dime, ¿verdaderamente estás dispuesto a dar tu vida con tal de tener una oportunidad para rescatar el alma de aquella fémina?


¡sí, absolutamente, haré todo cuanto sea necesario, pon el precio que gustes! –dijo el joven con una convicción ciega que hasta ese momento desconocía.

Pues entonces que así sea –Dijo maliciosa la voz– al momento de pronunciarse estas palabras el joven comenzó a sentir un su pecho un dolor inconmensurable, era como si de pronto en su pecho se depositara un cuchillo tan frío como el hielo, que desgarraba poco a poco todo lo que se cruzaba en su camino, mientras se retorcía agónico de sufrimiento escuchaba distante la voz que decía: muy bien humano, este es el precio, ahora te despojo de tu vida para que bajes a las profundidades del reino de la muerte en busca de tu adorada esposa, el camino será muy peligroso y no contarás con más ayuda que los consejos que ahora te daré, así que pon atención, pues es sólo una oportunidad la que yo te brindo. Cuando llegues, inicia de inmediato tu búsqueda, no confíes en nadie, no te detengas por ninguna razón, veas lo que veas sigue recto por tu camino y lo más importante cuando encuentres a tu esposa, sal de aquel reino lo más rápido posible, sin mirar hacia atrás ni una sola vez, ya que si lo haces, todo esto habrá sido en vano y perderás a tu amada para siempre, además de vagar perdido entre el mundo de los vivos y los muertos por la eternidad. Has caso a lo que aquí acabas de escuchar y por sobre todo ten cuidado con tu corazón humano, ya que en esta ocasión será tu peor enemigo y puede hacerte caer en la perdición. Dicho esto me retiro, pues tu surte ya ha sido lanzada.

Al despertar se sintió confundido, aún no lograba creer que toda esa cadena de acontecimientos fuese real, desde la muerte de su esposa, hasta aquella intervención divina, pero sus ojos no podían estarlo engañando, menos ahora que le mostraban un lugar tan oscuro y desolado como en el que se encontraba, todo era diferente, desde el cielo lóbrego y pesado, hasta el suelo lleno de vapores ponzoñosos y mal olientes, ahora no quedaba más opción que echar a correr, no se detuvo, le pareció interminable el camino, hasta que de pronto se topó con una inmensa puerta negra, al atravesarla se encontró con un río de aspecto amenazante, comenzó a caminar por su rivera, con la esperanza de encontrar algún puente para poder atravesarlo, sin embargo fue inútil, no había nada, pensó que tal vez podría atravesarlo nadando, pero sería demasiado arriesgado, ya que ni siquiera lograba ver el termino, sin duda se ahogaría antes de llegar a la otra orilla. Fue entonces cuando cayó en cuenta de que algo lo asechaba, algo desconocido, una especie de presencia que seguía muy atento cada uno de sus movimientos, por ligeros que fueran; miró hacia todos lados, pero era inútil, pues no lograba distinguir nada dentro de esa tremenda oscuridad, siguió caminando por la orilla hasta que ya no pudo soportar más esa horrible sensación, así que echó a correr con toda la fuerza que en ese momento le permitieron sus piernas y de la penumbra salió tras él una extraña y horripilante criatura, era como una especie de perro demoníaco, o esa fue la primera impresión que a él le provocó, al verlo tan cerca, decidió no volver a voltear, no sólo por el gran temor que esa criatura le propinaba, sino que también por seguir un poco los consejos que anteriormente se le habían entregado, de pronto, como una luz en la completa oscuridad, le pareció ver a un anciano que comenzaba a zarpar en una diminuta embarcación, así que tomo un gran respiro y se lanzó a dicha embarcación, el anciano no pareció reparar mucho en la presencia del joven, ni de la criatura que quedó observando desde la orilla así que continuó impulsando el barco adentrándose cada vez más y más en el río, fue entonces cuando éste dijo: –¿Quién eres tú y qué has venido a buscar a este lugar?–

El joven lo miro con aires de respeto y contestó –No importa demasiado quien soy, lo importante aquí y ahora es que me lleves hasta la otra orilla del río, pues me urge encontrar a alguien– ¿Alguien? –dijo el anciano frunciendo el seño con extrañeza– lamento informarte que pierdes tu tiempo, pues no hay forma de que alguien logre salir de este lugar, yo llevo mucho tiempo transportando a las personas que llegan hasta aquí, soy tan viejo como el río mismo, y en todo este tiempo jamás alguien ha logrado traspasar las barreras de este lugar. Déjame agregar que el viaje no es gratuito, pero algo me dice que tu no tienes nada para pagarme, ¿verdad?
Así es –dijo el joven, asintiendo con la cabeza– en estos momentos no porto nada de valor. En ese caso, tendrás que divertirme todo lo que dure el viaje, cuéntame alguna historia, dame lo más valioso que tienes en este momento, cuéntame cómo es que iniciaste esta loca travesía y qué es lo que esperas encontrar a su termino. –dijo el anciano con aires decididos– el joven lo miró con algo de desconfianza, pero aún así aceptó el precio impuesto por el viejo. Al llegar a la orilla el viejo despidió al joven recordándole lo que más había recalcado “la voz” –hagas lo que hagas, cuando inicies el viaje de vuelta jamás voltees– con estas palabras el anciano se despidió empujando la embarcación nuevamente río adentro, el joven lo observó hasta que se perdió entre la niebla. Entonces se dispuso a seguir su camino. Cada vez se sentía más abatido, como si ese ambiente venenoso le estuviera absorbiendo lentamente las energías, fue cuando de pronto comenzó a escuchar un sin número de voces, que se quejaban, casi como llorando, comenzó a seguir esas voces, frenético, con la sola idea en la mente de que ya se encontraba demasiado cerca de su amada, de que probablemente una de aquellas voces adoloridas era la de ella, al llegar finalmente al lugar del cual provenían los lamentos pudo divisar muchos rostros desesperanzados y justo en el fondo se encontraba esa cara delicada y pálida, la de ella. Al verla corrió hacia sus brazos, lleno de felicidad y con fuerzas renovadas, la estrechó con todas sus fuerzas y de inmediato le dijo que debían partir, rápidamente se alejaron de las voces y siguieron el camino siempre recto, como se le había indicado, de pronto algo comenzó a seguirlos, el creyó que probablemente era esa horrible criatura que había intentado atacarlo en la otra orilla del río, tal vez había cruzado por otro lugar y de este modo lo había seguido y ahora regresaba con la intención de estropear su huída, sólo al pensar en esto, comenzó a correr con mayor intensidad, casi llevando a rastras a su esposa, que no contaba con las mismas fuerzas que el, tropezando un montón de veces, al notar que su amada ya no podía más, cruzó por su mente la idea de voltear para así poder llevarla en sus brazos y escapar más rápidamente, sin embargo retumbaban en su cerebro las palabras –no voltees jamás– así que decidió continuar el trayecto, hasta que nuevamente su esposa trastabillo, cayendo al suelo de un solo golpe, al sentir esto él ya no pudo contenerse y simplemente se giro para ayudarla y al momento de visualizar sus ojos, ahí frente a frente, su mujer comenzó a desvanecerse en el aire, la abrazó con todas sus fuerzas pero ya era tarde, pues vapor fue lo único que quedó de ella, él delirante comenzó a gritar, entonces volvió a su pecho el mismo dolor que lo cogió al momento de aceptar el trato con la “voz” cayó al suelo revolcándose y fue así como despertó, retorciéndose entre la cobijas de su cama, junto a su amada esposa –fue tan sólo una grotesca pesadilla– pensó y al instante abrazó eufórico a su mujer, quien se encontraba tan blanca y fría como sus sábanas, pues yacía muerta en el lecho, al ver esto el joven enloqueció y se arrojo por la ventana del apartamento. Desde entonces la gente dice que su espíritu vaga por todo ese lugar, en busca de su esposa muerta.


*Nota a un lector específico: En el bosquejo inicial de este cuento se habían incluido las “dos palabras prometidas” sin embargo, luego del formateo de mi notebook todo aquello se perdió , al rehacer el cuento ya no pude volver a incluir estas dos palabras al relato; por ende he decidido dedicar este texto al “Lobo victorioso”. (L)

3 Parpadeos:

Yaritza Andrea Echeverría Abarca dijo...

uii dedicado vale?? eso no lo habías contado en la clase de literatura!! jajaja :) me encantó, demasiado seca mujer!!!! (:

Anónimo dijo...

O.o me suena familiar...

cada vez mejor amiga mia!
te quiero mil wna loca!!!

*O*

Angel!

-OjosBienCerrados- dijo...

xDDD es una "recreación" ps merme...

:**