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miércoles, 14 de abril de 2010

En transición.


Cara a cara con aquella mujer, fui reconociendo uno a uno sus defectos, cada una de las cosas que tanto me hacían odiarla, hasta el punto de desear una y mil veces su muerte. Fue sólo entonces cuando lo supe, al ver sus ojos de frente a los míos, tan llenos de miseria, de dolor, de desconformidad con la vida… tomé entre mis manos el cuchillo y arremetí descarnadamente contra su cuello, abriéndolo de extremo a extremo, viendo como su miseria y mi aborrecimiento desaparecían entre los borbotones que nacían desde mi creación. La contemplé con curiosidad durante algunos minutos, era la primera vez que estaba tan cerca de un cuerpo sin vida, un cuerpo al cual, yo había desprovisto de alma –al fin es libre– pensé, mientras yo aún me encuentro dentro de este recipiente que contiene todo lo que soy, ¿a qué lugar habrá ido a parar esa mujer? –Pensé en voz alta– a tus hombros, –contestó una voz demasiado familiar–, miré hacia todos lados, sin embargo fue inútil, por más que escudriñé en cada uno de los rincones de la habitación, no logré encontrar a nadie. Me encontraba en el baño de mi casa, ¿de qué modo podría alguien esconderse de mí en un lugar tan pequeño, claro y limpio? –Tal vez tras la cortina de la ducha– pensé, y al deslizarla tuve la certeza, ¡no había nadie ahí! Me encontraba totalmente sola, –estoy sola– dije en voz alta como para convencerme en definitiva de que así era, sin embargo volví a escuchar la voz: –aún no estás sola querida, ella aún se encuentra contigo, por si no lo has notado, míralo por ti misma, sólo tienes que darte la vuelta y bajar la vista– al instante me di la vuelta, para ver de dónde provenía la voz, más que para seguir sus instrucciones, pero no me encontré con nadie, nadie salvo mi víctima que aún permanecía en el piso, inerte, con los ojos bien abiertos, bien sorprendidos, supongo que por mi repentina reacción. –¡Ella está muerta! – grité, algo sobresalta, –pero aún no se ha ido, sigue junto a tí– informó la voz nuevamente, –la única manera de que ella parta y te deje de una vez por todas es sacando de sus entrañas eso que tanto te hacía odiarla, ¡anda, vamos, toma el cuchillo otra vez y abre su vientre, esta vez no podrá sentir dolor alguno, lo prometo, sólo debes extirpar de ella el germen que alimenta su infelicidad!– miré su cadaver durante un buen tiempo, ¿cómo profanar así su cuerpo? Deseaba matarla y lo hice, pero, ¿abrirla? Eso ya era demasiado para mi –no puedo hacerlo– grité y la voz exaltada al máximo comenzó un cano: –¡HAZLO, HAZLO, HAZLO! Si no lo haces ahora, no volverás a tener la oportunidad y por ende, ella jamás te dejará en paz– lo medité por algunos segundos, tomé el cuchillo una vez más entre mis manos y con un esfuerzo sobre humano abrí el vientre de la infeliz, busqué cuidadosamente algo que creí no debía estar ahí, mis manos se volvían cada vez más rojas, más resbaladizas, indagando en las profundidades de su ser, hasta que de pronto sentí el olor más putrefacto que jamás había sentido en mi vida, miré fijamente, para descubrir de qué se trataba, al parecer mis ojos no me engañaban, era una especie de masa de color negro, una rara concentración de carne putrefacta, de forma circular con pequeños relieves, tomé con aún más fuerza el cuchillo y lo arranque de sus adentros con un odio que desconocía, al tenerlo entre mis manos, sentía la imperiosa necesidad de deshacerme de aquello, miré en todas las direcciones y llegué a la conclusión de que debía dejar que se fuera a donde iban todo el resto de los deshechos humanos, subí la tapa del inodoro y lo arrojé dentro de él, de inmediato jalé la cadena con todas mis fuerzas y observé de que modo esta masa desaparecía entre el agua que también se había tornado de un tono negruzco, al verla desaparecer finalmente, me sentí tranquila, tomé profundamente aire, y al voltear me percaté de que el cuerpo de la mujer ya no se encontraba en el piso, entonces una extraña sensación de desvanecimiento me invadió, caí de rodillas al suelo y quedé aparentemente inconciente. Cuando finalmente desperté, me encontraba en un hospital con un dolor abdominal insoportable, junto a mí había una enfermera, que me sugirió que no me moviera pues “mi herida podía volver a abrirse” ¿qué herida? Pregunté sobresaltada. –la de su vientre– dijo la enfermera, con una profunda expresión de extrañeza.

4 Parpadeos:

Anónimo dijo...

O___O pa la caga el final... la verdad me atrapaste jaja no me lo imagine nunca... tay toda una escritora wna, parece que vas de bien en mejor! viste? siempre te dije que tenias talento en esto! *O* cuando saques tu primer libro me lo tienes que firmar!!!! xDDD

te adoro wona! kisse!

atte Angel! *.*

Patty dijo...

Viví este relato de principio a fin. Adoro la forma en que escribís. Te agradezco que compartas tus obras para que podamos disfrutarlas.

Me encantó. Es magistral.

Besotes.

IVANCEZAR dijo...

Hola !
Me llamó la atención el título de tu Blog y después el perfil, porque sós una chica jóven. Me puse a leer el texto y me encantó la facilidad del escrito. No obstante ya pasados tantos años de mi vida "en español" me gusta mucho leer en el idioma en el cual fuí alfabetizado. ( soy hijo de un exiliado político y me eduqué en Uruguay ) - Hoy vivo en Brasil, después de graduar-me abogado. Te felicito y te invito a conocer mi blog. Beso !

Marcela dijo...

Besos para ti linda amiga, me gusta que nos acompañemos por la vida.
Que tengas una linda semana y aún una más linda vida.
mar