
La función no se acaba hasta que el telón nos caiga encima,
Y nosotros, los funámbulos trastornados,
Seguimos bebiendo de este elixir deletéreo que nos encadena al delirio.
La música se apaga intermitentemente, calla y renace
Así como nuestras esperanzas de continuar flotando en el aire,
Dando mil vueltas en el espacio infinito,
Tomados de las manos,
-¡No pienso dejarte caer!-
Seguiremos volando en medio de nuestras piruetas mortales;
Balanceándonos y balbuceando una y mil veces hasta completar el círculo.
Entonces ya no quedará espacio para la duda,
Me convertiré en nudo, en amarra de piel y hueso.
Y en aquel momento, cuando el sol se ponga
Y las ánimas se cristalicen;
Ya no habrá forma alguna de que el segundo se marchite.
Diría...
Hace 1 año


