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martes, 18 de mayo de 2010

Consumiéndome.

Consumiéndome, -renaciendo-

Brotando descarnadamente desde las más oscuras de mis raíces,

Descomponiendo y recomponiendo los cimientos de mí ser.


Vuelve la llamarada semi marchita,

Como tierno brote germinando del suelo creído infértil,

Dejado en el olvido y pisoteado por los fríos colapsos del desamor.


Sumergiéndome nuevamente en ésta especie de catarsis,

Creando nuevas oportunidades de seguir despierta en medio de este desierto;

Sedienta de ilusión y sin embargo tan llena de pasión y deseo…

-deseo- de continuar…

-continuar- creyendo, soñando, anhelando, ¡viviendo!


Cual tímida violeta, asomándose luego del más gélido de los inviernos,

O quizás como las ingenuas golondrinas,

Que baten magníficamente sus alas

Sin importar lo voraz que parezca el viento.


Miro en esta ocasión, sin tapujos, sin prejuicios ni idealizaciones.

Y al fin se ve tan claro, tan luminoso,

Como los ojos del niño que apenas puede pronunciar palabras sueltas,

Sin componer quizás pensamientos complejos,

Sin perder la pureza de su sutil inocencia,

Mirando por esos pequeños espejos e identificando

-Sin hacer el más mínimo de los esfuerzos-

La esencia de cada una de las “almas” que reconoce.


Abro nuevamente las puertas hacia paraíso,

De par en par, escuchando la primera llamada,

Proveniente de las doradas trompetas, lejanas e inmortales;

Extendiendo nuevamente los brazos hacia un horizonte lejano y desconocido,

Sin embargo, más cálido y resplandeciente que nunca antes.

domingo, 2 de mayo de 2010

Parece que va a llover...


¿De dónde provienen estas inmensas cataratas?

Abriéndose paso a través de las mejillas,

Corren huidizas, por los vastos campos de mi rostro.


Al fin todo esto se materializa,

Cobra vida propia más allá de mis sentidos y mi razonamiento,

Al fin deja en paz al corazón, que se queja desde mis adentros,

Reclamando medio estrangulado por los cataclismos pseudo existenciales.


¿Y por qué siempre se debe buscar un pretexto?

-Pseudo existencial-

¿Una razón para poder desahogar la congoja?

Que al final de congoja no tiene nada,

Más parece un cardumen de ideas deshilachadas.



Se me aprieta el vientre, junto a las manos, el corazón

Y otra serie de órganos, que no viene al caso mencionar.

Es cuando cierro los ojos…

¡Y no logro unir nada!

Y las ideas chocan entre si, fragmentándose en mi cerebro,

La cabeza me da vueltas, casi como una licuadora,

Que no deja de martillar en su afanoso eco.


Se me disloca la palabra y se me quema el verso,

Salpica centellante el alma

Que se escabulle por la punta de la frente.


¡Simplemente quiero llorar!

No estoy triste, sino viva…

miércoles, 14 de abril de 2010

En transición.


Cara a cara con aquella mujer, fui reconociendo uno a uno sus defectos, cada una de las cosas que tanto me hacían odiarla, hasta el punto de desear una y mil veces su muerte. Fue sólo entonces cuando lo supe, al ver sus ojos de frente a los míos, tan llenos de miseria, de dolor, de desconformidad con la vida… tomé entre mis manos el cuchillo y arremetí descarnadamente contra su cuello, abriéndolo de extremo a extremo, viendo como su miseria y mi aborrecimiento desaparecían entre los borbotones que nacían desde mi creación. La contemplé con curiosidad durante algunos minutos, era la primera vez que estaba tan cerca de un cuerpo sin vida, un cuerpo al cual, yo había desprovisto de alma –al fin es libre– pensé, mientras yo aún me encuentro dentro de este recipiente que contiene todo lo que soy, ¿a qué lugar habrá ido a parar esa mujer? –Pensé en voz alta– a tus hombros, –contestó una voz demasiado familiar–, miré hacia todos lados, sin embargo fue inútil, por más que escudriñé en cada uno de los rincones de la habitación, no logré encontrar a nadie. Me encontraba en el baño de mi casa, ¿de qué modo podría alguien esconderse de mí en un lugar tan pequeño, claro y limpio? –Tal vez tras la cortina de la ducha– pensé, y al deslizarla tuve la certeza, ¡no había nadie ahí! Me encontraba totalmente sola, –estoy sola– dije en voz alta como para convencerme en definitiva de que así era, sin embargo volví a escuchar la voz: –aún no estás sola querida, ella aún se encuentra contigo, por si no lo has notado, míralo por ti misma, sólo tienes que darte la vuelta y bajar la vista– al instante me di la vuelta, para ver de dónde provenía la voz, más que para seguir sus instrucciones, pero no me encontré con nadie, nadie salvo mi víctima que aún permanecía en el piso, inerte, con los ojos bien abiertos, bien sorprendidos, supongo que por mi repentina reacción. –¡Ella está muerta! – grité, algo sobresalta, –pero aún no se ha ido, sigue junto a tí– informó la voz nuevamente, –la única manera de que ella parta y te deje de una vez por todas es sacando de sus entrañas eso que tanto te hacía odiarla, ¡anda, vamos, toma el cuchillo otra vez y abre su vientre, esta vez no podrá sentir dolor alguno, lo prometo, sólo debes extirpar de ella el germen que alimenta su infelicidad!– miré su cadaver durante un buen tiempo, ¿cómo profanar así su cuerpo? Deseaba matarla y lo hice, pero, ¿abrirla? Eso ya era demasiado para mi –no puedo hacerlo– grité y la voz exaltada al máximo comenzó un cano: –¡HAZLO, HAZLO, HAZLO! Si no lo haces ahora, no volverás a tener la oportunidad y por ende, ella jamás te dejará en paz– lo medité por algunos segundos, tomé el cuchillo una vez más entre mis manos y con un esfuerzo sobre humano abrí el vientre de la infeliz, busqué cuidadosamente algo que creí no debía estar ahí, mis manos se volvían cada vez más rojas, más resbaladizas, indagando en las profundidades de su ser, hasta que de pronto sentí el olor más putrefacto que jamás había sentido en mi vida, miré fijamente, para descubrir de qué se trataba, al parecer mis ojos no me engañaban, era una especie de masa de color negro, una rara concentración de carne putrefacta, de forma circular con pequeños relieves, tomé con aún más fuerza el cuchillo y lo arranque de sus adentros con un odio que desconocía, al tenerlo entre mis manos, sentía la imperiosa necesidad de deshacerme de aquello, miré en todas las direcciones y llegué a la conclusión de que debía dejar que se fuera a donde iban todo el resto de los deshechos humanos, subí la tapa del inodoro y lo arrojé dentro de él, de inmediato jalé la cadena con todas mis fuerzas y observé de que modo esta masa desaparecía entre el agua que también se había tornado de un tono negruzco, al verla desaparecer finalmente, me sentí tranquila, tomé profundamente aire, y al voltear me percaté de que el cuerpo de la mujer ya no se encontraba en el piso, entonces una extraña sensación de desvanecimiento me invadió, caí de rodillas al suelo y quedé aparentemente inconciente. Cuando finalmente desperté, me encontraba en un hospital con un dolor abdominal insoportable, junto a mí había una enfermera, que me sugirió que no me moviera pues “mi herida podía volver a abrirse” ¿qué herida? Pregunté sobresaltada. –la de su vientre– dijo la enfermera, con una profunda expresión de extrañeza.

sábado, 10 de abril de 2010

Universal.


Esta mañana me trepé por unos ventanales de colores caleidoscópicos,

Rompiendo círculos hipnotizantes, de claridades infinitas.


-Sucumbo-


En el lecho mismo de la sola idea transmutada,

Y tiemblo y me pierdo y me quemo y me fortalezco.


Exhumo mis propios restos,

Hueso a hueso, fibra a fibra;

Uniendo cada célula, cada partícula que se resiste a perecer,

Que arde aún más que todo el resto,

Roja, resplandeciente y poderosa.


-Vívida, pulcra-


Se ha marchado, ¡ha desaparecido! (¿o sólo ha cambiado?)

La criatura ha sido capturada, ha sido transformada,

En algo que no es ni jaula, ni criatura.


¿Y yo?

Yo me desvanezco,

Y soy fuego y soy agua y soy viento y también algo de tierra

Y soy y no soy y a veces cambio y soy estrella y otras tantas universo multicolor.

Un universo gigante de poco más de metro y medio.


lunes, 29 de marzo de 2010

Ejercicios literarios: Recreando mitos.


Él no podía creer lo que sus ojos le estaban mostrando. Ahí, inerte frente a sus ojos el cuerpo de aquella mujer que tanto había amado. Ella, que tan sólo con una mirada podía hacer que su cuerpo temblara de pies a cabeza, ella, que tan sólo con el más leve de los susurros podía alcanzar la fibra más intima de su ser. ¿Cómo era posible que en tan sólo cuestión de algunas horas hubiese ocurrido tal calamidad? Él se había alejado del hogar, para concluir cuestiones triviales que ya ni si quiera recordaba con claridad y al regresar, se encontró con tan horrible escena. Su mujer tendida en el piso, sumida en un sueño poco plácido. En su rostros se había dibujado una mueca de insatisfacción, así como quien ha dejado demasiadas cosas inconclusas, y sobre todo, porque no había tenido la oportunidad de despedirse de su amado.

El echó a llorar a los pies del cadáver, sin creer aún que esto fuese algo más que una atroz alucinación. ¿Qué ocurriría con él ahora?, sin ella definitivamente la vida perdía todo sentido, no sería capaz de soportar la existencia en un mundo tan inmenso y vacío, sin duda sería el peor de los castigos continuar viviendo sin ella.

¡Juro que daría lo que fuera con tal de que volvieras a mi lado, daría mi vida a cambio de que tu regresaras, si fuera necesario iría por ti hasta el mismísimo infierno! –dijo el joven, sumido en la desesperación–

Entonces de la nada aparece burlona una voz diciendo: ¿Realmente estarías dispuesto a dar lo que fuera por recuperar a esta mujer?, pues de ser así yo estaría complacido en ofrecerte un buen trato, para así ayudarte a realizar tu cometido.


¿Quién eres? dime, ¿acaso has sido tú quien me ha arrebatado a mi amada de esta forma tan cruel? Anda, muéstrate ante mí, sal de las sombras y enséñame tú rostro, además no te creo nada, explícame ¿cómo alguien tan cobarde que ni siquiera es capaz de mostrarse, podría ayudarme a recuperar a mi amada que ahora vaga perdida por el mundo de los muertos? –dijo el joven encolerizado–


¿cómo osas llamarme cobarde? Si no puedes verme, es simplemente porque tu condición inferior no te lo permite, sin embargo yo no me escondo de nadie nunca, humano incauto, puedes llamarme Dios y en cuanto a esto trátame con más respeto, pues soy el único que puede ayudarte ahora, piénsalo, tengo en mis manos tu vida, ya que cuento con el poder de ayudarte y regresarte lo que tanto solías amar o bien dejarte permanecer sumido en tu triste miseria por el resto de tus días. –dijo la voz en un tono molesto que se acrecentaba paulatinamente– ahora dime, ¿verdaderamente estás dispuesto a dar tu vida con tal de tener una oportunidad para rescatar el alma de aquella fémina?


¡sí, absolutamente, haré todo cuanto sea necesario, pon el precio que gustes! –dijo el joven con una convicción ciega que hasta ese momento desconocía.

–
Pues entonces que así sea –Dijo maliciosa la voz– al momento de pronunciarse estas palabras el joven comenzó a sentir un su pecho un dolor inconmensurable, era como si de pronto en su pecho se depositara un cuchillo tan frío como el hielo, que desgarraba poco a poco todo lo que se cruzaba en su camino, mientras se retorcía agónico de sufrimiento escuchaba distante la voz que decía: muy bien humano, este es el precio, ahora te despojo de tu vida para que bajes a las profundidades del reino de la muerte en busca de tu adorada esposa, el camino será muy peligroso y no contarás con más ayuda que los consejos que ahora te daré, así que pon atención, pues es sólo una oportunidad la que yo te brindo. Cuando llegues, inicia de inmediato tu búsqueda, no confíes en nadie, no te detengas por ninguna razón, veas lo que veas sigue recto por tu camino y lo más importante cuando encuentres a tu esposa, sal de aquel reino lo más rápido posible, sin mirar hacia atrás ni una sola vez, ya que si lo haces, todo esto habrá sido en vano y perderás a tu amada para siempre, además de vagar perdido entre el mundo de los vivos y los muertos por la eternidad. Has caso a lo que aquí acabas de escuchar y por sobre todo ten cuidado con tu corazón humano, ya que en esta ocasión será tu peor enemigo y puede hacerte caer en la perdición. Dicho esto me retiro, pues tu surte ya ha sido lanzada.

Al despertar se sintió confundido, aún no lograba creer que toda esa cadena de acontecimientos fuese real, desde la muerte de su esposa, hasta aquella intervención divina, pero sus ojos no podían estarlo engañando, menos ahora que le mostraban un lugar tan oscuro y desolado como en el que se encontraba, todo era diferente, desde el cielo lóbrego y pesado, hasta el suelo lleno de vapores ponzoñosos y mal olientes, ahora no quedaba más opción que echar a correr, no se detuvo, le pareció interminable el camino, hasta que de pronto se topó con una inmensa puerta negra, al atravesarla se encontró con un río de aspecto amenazante, comenzó a caminar por su rivera, con la esperanza de encontrar algún puente para poder atravesarlo, sin embargo fue inútil, no había nada, pensó que tal vez podría atravesarlo nadando, pero sería demasiado arriesgado, ya que ni siquiera lograba ver el termino, sin duda se ahogaría antes de llegar a la otra orilla. Fue entonces cuando cayó en cuenta de que algo lo asechaba, algo desconocido, una especie de presencia que seguía muy atento cada uno de sus movimientos, por ligeros que fueran; miró hacia todos lados, pero era inútil, pues no lograba distinguir nada dentro de esa tremenda oscuridad, siguió caminando por la orilla hasta que ya no pudo soportar más esa horrible sensación, así que echó a correr con toda la fuerza que en ese momento le permitieron sus piernas y de la penumbra salió tras él una extraña y horripilante criatura, era como una especie de perro demoníaco, o esa fue la primera impresión que a él le provocó, al verlo tan cerca, decidió no volver a voltear, no sólo por el gran temor que esa criatura le propinaba, sino que también por seguir un poco los consejos que anteriormente se le habían entregado, de pronto, como una luz en la completa oscuridad, le pareció ver a un anciano que comenzaba a zarpar en una diminuta embarcación, así que tomo un gran respiro y se lanzó a dicha embarcación, el anciano no pareció reparar mucho en la presencia del joven, ni de la criatura que quedó observando desde la orilla así que continuó impulsando el barco adentrándose cada vez más y más en el río, fue entonces cuando éste dijo: –¿Quién eres tú y qué has venido a buscar a este lugar?–

El joven lo miro con aires de respeto y contestó –No importa demasiado quien soy, lo importante aquí y ahora es que me lleves hasta la otra orilla del río, pues me urge encontrar a alguien– ¿Alguien? –dijo el anciano frunciendo el seño con extrañeza– lamento informarte que pierdes tu tiempo, pues no hay forma de que alguien logre salir de este lugar, yo llevo mucho tiempo transportando a las personas que llegan hasta aquí, soy tan viejo como el río mismo, y en todo este tiempo jamás alguien ha logrado traspasar las barreras de este lugar. Déjame agregar que el viaje no es gratuito, pero algo me dice que tu no tienes nada para pagarme, ¿verdad?
Así es –dijo el joven, asintiendo con la cabeza– en estos momentos no porto nada de valor. En ese caso, tendrás que divertirme todo lo que dure el viaje, cuéntame alguna historia, dame lo más valioso que tienes en este momento, cuéntame cómo es que iniciaste esta loca travesía y qué es lo que esperas encontrar a su termino. –dijo el anciano con aires decididos– el joven lo miró con algo de desconfianza, pero aún así aceptó el precio impuesto por el viejo. Al llegar a la orilla el viejo despidió al joven recordándole lo que más había recalcado “la voz” –hagas lo que hagas, cuando inicies el viaje de vuelta jamás voltees– con estas palabras el anciano se despidió empujando la embarcación nuevamente río adentro, el joven lo observó hasta que se perdió entre la niebla. Entonces se dispuso a seguir su camino. Cada vez se sentía más abatido, como si ese ambiente venenoso le estuviera absorbiendo lentamente las energías, fue cuando de pronto comenzó a escuchar un sin número de voces, que se quejaban, casi como llorando, comenzó a seguir esas voces, frenético, con la sola idea en la mente de que ya se encontraba demasiado cerca de su amada, de que probablemente una de aquellas voces adoloridas era la de ella, al llegar finalmente al lugar del cual provenían los lamentos pudo divisar muchos rostros desesperanzados y justo en el fondo se encontraba esa cara delicada y pálida, la de ella. Al verla corrió hacia sus brazos, lleno de felicidad y con fuerzas renovadas, la estrechó con todas sus fuerzas y de inmediato le dijo que debían partir, rápidamente se alejaron de las voces y siguieron el camino siempre recto, como se le había indicado, de pronto algo comenzó a seguirlos, el creyó que probablemente era esa horrible criatura que había intentado atacarlo en la otra orilla del río, tal vez había cruzado por otro lugar y de este modo lo había seguido y ahora regresaba con la intención de estropear su huída, sólo al pensar en esto, comenzó a correr con mayor intensidad, casi llevando a rastras a su esposa, que no contaba con las mismas fuerzas que el, tropezando un montón de veces, al notar que su amada ya no podía más, cruzó por su mente la idea de voltear para así poder llevarla en sus brazos y escapar más rápidamente, sin embargo retumbaban en su cerebro las palabras –no voltees jamás– así que decidió continuar el trayecto, hasta que nuevamente su esposa trastabillo, cayendo al suelo de un solo golpe, al sentir esto él ya no pudo contenerse y simplemente se giro para ayudarla y al momento de visualizar sus ojos, ahí frente a frente, su mujer comenzó a desvanecerse en el aire, la abrazó con todas sus fuerzas pero ya era tarde, pues vapor fue lo único que quedó de ella, él delirante comenzó a gritar, entonces volvió a su pecho el mismo dolor que lo cogió al momento de aceptar el trato con la “voz” cayó al suelo revolcándose y fue así como despertó, retorciéndose entre la cobijas de su cama, junto a su amada esposa –fue tan sólo una grotesca pesadilla– pensó y al instante abrazó eufórico a su mujer, quien se encontraba tan blanca y fría como sus sábanas, pues yacía muerta en el lecho, al ver esto el joven enloqueció y se arrojo por la ventana del apartamento. Desde entonces la gente dice que su espíritu vaga por todo ese lugar, en busca de su esposa muerta.


*Nota a un lector específico: En el bosquejo inicial de este cuento se habían incluido las “dos palabras prometidas” sin embargo, luego del formateo de mi notebook todo aquello se perdió , al rehacer el cuento ya no pude volver a incluir estas dos palabras al relato; por ende he decidido dedicar este texto al “Lobo victorioso”. (L)

domingo, 21 de marzo de 2010

Las voces de mi cabeza dicen...


A veces sólo necesitamos un poco de ayuda para dar vuelta a la página y coger la pluma que inicie una nueva aventura, para dejar que la imaginación vuele, así como las imágenes que se cruzan en este momento por mis pensamientos.
Divago en éxtasis por los exquisitos rincones perfumados en éter, con los pies cubiertos de locura, como si ya no tuviera tiempo para detenerme, tiempo para pensar y dejar que la vida me adelante nuevamente, esta vez sólo pretendo seguir alejándome, correr sin límites, sin detenerme a evaluar cada frontera, cada huella, cada posible camino a seguir, en esta ocasión simplemente deseo, –deseo– seguir mi propia trayectoria, sin mirar atrás, sin descanso alguno, sin un solo respiro, como quien no tiene hogar, más que el mundo mismo, más que el universo entero, sin prisa de llegar y a la vez tan excitado por seguir caminando… como si de pronto todo fuese a explotar; así, como mi interior ahora, sin saber si se encuentra afuera o dentro, iluminando esta oscura noche cual fuegos artificiales, se engrandece ante mis ojos –impávidos– por tanta maravilla –la vida está demente– y yo, la más hambrienta de sus hijas, sólo añoro un poco más de tiempo, sólo un poco más… para poder saciar mi sed curiosa, para acallar a la niña berrinchuda que extiende sus alas e inicia una nueva búsqueda, un nuevo viaje en parajes desconocidos, –creo que no es mucho pedir– asumiendo que su acuarela no se halla agotado y si se acabó realmente no tiene demasiada importancia; supongo que para eso está la imaginación, para poder seguir creando nuevos horizontes, pare descubrir y redescubrir los rincones impenetrables de lo infinito, más allá de lo tangible, por encima de lo irrisorio y muy por debajo de lo irreal, así como un sueño engrandecido, totalmente idealizado; simbólico, intocable e indestructible, tan poderoso como la madre naturaleza misma, tan resplandeciente con el primero de los amores.

miércoles, 10 de marzo de 2010

En la nebulosa.


Cuan profundos,

Cuan plácidos son los sueños

Que dejan las miradas cósmicas;

Con ese sazón especial

En cada guiño otoñal,

En cada suave suspiro;

Empapado de esperanza

Y sueños color carmesí.


Se estremecen los ojos,

Danzando nerviosos en sus cuencas,

Tan llenos de temor, así como alegría.

Interminables son las raíces,

Que afloran erguidas al espacio,

Dando a luz inmensas constelaciones,

Brotes interminables que conducen hasta la luna.

-Enlazando, entretejiendo-

Redes invisibles; como araña juguetona

Escabulléndose, cual funámbulo vendado

Y atado de manos.


¡En la cuerda floja ya no hay forma de escapar!

Hirviendo en delirios afiebrados

De ginebra y algo de gin.

¡Aquí nada se pierde!

Sin importar el lugar o el paso del tiempo,

En la nebulosa todo permanece flotando,

Naciendo y muriendo constantemente.